Perdón por tantas palabras, pero tengo que dejarlo claro.
La demencia es un síndrome neurocognitivo adquirido y habitualmente progresivo, caracterizado por un deterioro persistente de múltiples funciones cognitivas (como memoria, lenguaje, funciones ejecutivas y comportamiento), de intensidad suficiente para interferir con la vida diaria, sin explicarse por un estado confusional agudo y secundario a una enfermedad del sistema nervioso central.
Pero ¿por qué es esto un problema? Por lo obvio: se nos van los recuerdos y la autonomía. No soy filósofo, pero esto es probablemente lo que nos hace humanos. También está el impacto económico; y con esto me refiero a los ahorros de toda la vida de millones de familias y a los presupuestos gubernamentales.
En Estados Unidos, más de 6 millones de personas padecen algún tipo de demencia, una condición que causa más de 100 000 muertes al año. Los costos totales —que escalan exponencialmente si sumamos la atención médica directa y el valor económico del cuidado informal no remunerado que brindan las familias— superan los 600 000 millones de dólares anuales.
Es brutal; una verdadera catástrofe en el sentido literal de la palabra.
Pasemos ahora a los mitos, las esperanzas y los baños de realidad.
Mito: «Cada vez hay más casos de demencia, algo mal estaremos haciendo». La realidad es otra (aunque con un matiz que explicaré más adelante). El riesgo de desarrollar demencia, ajustado por edad, ha caído cerca de un 20% por cada década en los últimos 40 años.
En otras palabras, cada nueva generación presenta un riesgo menor, a la misma edad, que la anterior.
¿Por qué estamos ganando esta batalla en los adultos mayores de hoy? Principalmente por decisiones médicas tomadas hace décadas: un mejor control temprano de la hipertensión, la diabetes y el colesterol, el declive masivo del tabaquismo a finales del siglo XX y un mayor acceso a la educación formal en la posguerra, lo que generó una sólida "reserva cognitiva". Y ojo: las generaciones más jóvenes actuales, obsesionadas con dormir mejor, alimentarse bien, hacer ejercicio funcional (hello, Hyrox, gimnasio, etc.) y cuidar su salud cerebral, están pavimentando el camino para que estas cifras bajen aún más en el futuro.
Es momento de pasar a la esperanza.
Hoy en día, estudios observacionales robustos en múltiples poblaciones muestran que mantener una actividad física diaria constante y seguir una dieta rica en frutas y verduras protege la salud cognitiva. Asimismo, aprender idiomas, mantener una red de amistades, hacer ejercicio y sentirnos acompañados se alían para darle un escudo a nuestras neuronas. ¿Cuánto ayuda esto? La Comisión Lancet estimó recientemente que podemos prevenir o retrasar hasta el 45% de los casos de demencia modificando estos factores a lo largo de la vida. Sí, así como lo leen: casi la mitad.
Pero ahora, el baño de realidad.
La realidad es que cada vez hay más casos totales de demencia, particularmente de Alzheimer. ¿Cómo es posible si el riesgo individual se ha reducido? Bueno, porque ahora somos muchos más y vivimos más. Gracias a la belleza de la medicina preventiva y curativa, hemos empujado la expectativa de vida a edades sin precedentes.
Cada vez desafiamos más los límites genéticos de la longevidad del Homo sapiens. Al hacerlo, aumentamos la población de edad avanzada. Esto, queridos amigos y amigas, es el futuro que nos toca y debemos enfrentarlo con aplomo. La medicina moderna y nuestro deseo de ser más saludables nos harán, bueno, más viejos.
Me emocionan los datos emergentes sobre la reducción de diagnósticos de demencia con la vacuna contra el herpes zóster, las nuevas pruebas de sangre que predicen el Alzheimer y las terapias que conservan nuestras capacidades cognitivas. Esto me ilusiona, porque es claro que seremos más saludables y tendremos menos diabetes, obesidad e hipertensión. Eso sin lugar a dudas probará nuestra capacidad como especie.
Mi conclusión es que, tal como ha demostrado la historia de la medicina, la victoria vendrá de un estilo de vida saludable, avances farmacológicos y una mentalidad estoica.
Quizás alejarnos del drama ayude.
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Los ojos jamás podrán ver lo que la mente desconoce
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