Una de mis mayores virtudes —o eso pensaba antes— era el poder hacer multitasking. Ahora, uno de mis mayores triunfos como persona adulta es aceptar que el multitasking no existe y que, de hecho, es contraproducente. Debo decir que me siento aliviado porque no era feliz haciéndolo... aunque admito que sigo cayendo en la trampa de vez en cuando.
La evidencia médica y cognitiva indica de forma abrumadora que el multtasking es dañino y no aporta ningún beneficio neto:
Los médicos de urgencias que hacen multitasking mientras prescriben medicamentos sufren un incremento del 1.86 en su tasa de error.
Quienes consumen múltiples medios (hello TikTok) a la vez muestran peor memoria, mayor impulsividad y una reducción en el volumen de la corteza cingulada anterior.
Los adolescentes que estudian haciendo multitarea tienen peor función ejecutiva, menor memoria de trabajo, menor velocidad de procesamiento y calificaciones más bajas en matemáticas y lenguaje.
Resonancias magnéticas confirman que el multitasking altera la conectividad cerebral, haciendo que la precisión caiga en picada cuando las tareas son complejas.
“En un mundo rico en información, la riqueza de información significa la escasez de algo más: una escasez de lo que sea que la información consuma. Lo que la información consume es bastante obvio: consume la atención de quienes la reciben.”
El problema es que vemos la cultura del multitasking como un subproducto inevitable de la cultura de la productividad. Y sí, todo esto es cierto, pero también lo es que hoy tenemos acceso a una cantidad de información tan abrumadora que pelea salvajemente por nuestra atención, forzándonos a intentar hacer varias cosas a la vez.
Por eso, lo he dicho y lo repetiré: una de las habilidades más vitales para las nuevas generaciones será la atención.
Aprender a evitar el hype de la información rápida y sin contexto. Ser capaces de enfocarnos en algo sencillo por más tiempo, sin sobrepasar nuestras capacidades, y simplemente, disfrutar la vida.
Mi regla sobre escritura: Combino a menudo el español con anglicismos. Me gusta; hace mi vida más sencilla y práctica. Entiendo que pueda no gustarte, pero lo seguiré haciendo. Así que, por favor, acéptame como soy.
Mi regla sobre el uso de AI: yo escribo la newsletter completa, reviso las fuentes y doy los últimos toques. Solo al final recurro a Gemini o Claude para corregir errores ortográficos. No construyo ni el mensaje ni la estructura con LLM. El día que decida hacerlo, se los diré, pero no creo que sea pronto. Así que, si notan algún error ortográfico o falta de fineza, recuerden que soy humano. Y eso hoy en día, se agradece.
Los ojos jamás podrán ver lo que la mente desconoce
-Doctor Mau.
